Marx y Nietzsche como padres intelectuales del totalitarismo
Fueron Hitler y Lenin los que llevaron la doctrina nietzscheana del superhombre y la marxista de la lucha de clases a su máxima expresión totalitaria, pero cabe preguntarse por los límites de la responsabilidad de ambos pensadores en las derivadas de sus proclamas.

¿Qué es el totalitarismo?
el proyecto de crear una sociedad nueva, habitada por hombres nuevos, de resolver todos los problemas de una vez por todas, un proyecto cuya realización exige una revolución, se mantiene en todos los países totalitarios. Es posible ser cientificista sin sueño milenarista y sin recurso a la violencia (muchos expertos técnicos lo son hoy), como se puede ser revolucionario sin doctrina cientificista, como tantos poetas de comienzos de siglo que reclamaban, con sus votos, el desencadenamiento de los elementos. El totalitarismo, por su parte, exige la conjunción de esos tres ingredientes.
De lo que se deduce la identidad en lo esencial entre el nazismo y el comunismo
No tiene pues mucho interés oponer el nazismo «de derechas» al comunismo «de izquierdas»: ambos son, y eso es mucho más importante, «extremos», totalitarios y no democráticos. Ya en 1931, Sémion Frank, en un ensayo titulado «Más allá de izquierda y derecha», veía llegar el momento en que el parecido entre los «rojos» y los «negros» justificaría su inclusión en una categoría única.6 A la diferencia radical utilizada por los programas, no corresponde una diferencia tan sensible en la práctica. Más significativa es, en cambio, si adoptamos una perspectiva genealógica y no estructural: el comunismo pretende ser una culminación de las ideas propagadas por el cristianismo, el nazismo desprecia esta tradición y se presenta como heredero del pensamiento pagano. El primero se considera una victoria de los antiguos esclavos, el segundo de los dueños; y así sucesivamente.
Todorov, Memoria del mal, tentación del bien.


Quizás llego tarde a comentar este artículo (muy tarde), pero resulta para mí tan tentador hacerlo que no puedo pasarlo por alto.
Hay una frase dentro del mismo que me ha llamado especialmente la atención, es la siguiente: “ambos son(el comunismo y el nacional socialismo), y eso es mucho más importante, «extremos», totalitarios y no democráticos”; más allá de la ligereza y fanatismo con las que hoy se habla del significado de democracia (cual si fuera algo tan sencillo como la suma de 2 y 2, olvidándonos de que es un concepto creado por la mente humana, y por ello, eternamente abierto a la interpretación) la afirmación, además de absurda, que lo es, puede ser tachada de estúpida, en el sentido literal de a palabra (en ningún caso ofensivo). El utilizar cualidades comunes para establecer semejanzas absolutas en un 99% nos llevará a supuestos erróneos, y pongo un ejemplo: tanto los excrementos de babuino como el dulce de leche tienen un color marrón tirando a ocre, ¿a alguien se le pasa por la cabeza que tengan el mismo sabor? (¡Por Dios! Espero que no) Con todo esto vengo a decir,sin la más mínima intención de parecer neutral, ya que me considero comunista desde que tengo uso de razón, que los errores cometidos por aquellos que han intentado llevar a la praxis el comunismo (o las primeras etapas del mismo, esto, lo de las etapas del comunismo, es algo que recomiendo estudiar a aquellos con la pretensión de conocer el tema antes de hablar de él, son pocos, claro está) son argumentos válidos para disertar sobre momentos históricos concretos, nunca para establecer la naturaleza o el significado de la idea de comunismo en sí.
En fin, sería un placer debatir la demagogia de este artículo con un café y dos de los cien argumentos que se me ocurren en este instante, quizás en otro momento, ahora sería absurdo, porque la persona capaz de escribir este artículo, por su superficialidad y falta de rigor, debe de tener sus ideas más cerradas que la tumba de Enrique VIII.
Siento empezar con un artículo así, en general el blog me ha encantado (lo he descubierto hace apenas 2 horas), y espero seguirlo con regularidad.
Un saludo.
Raúl, dado que te declaras comunista, comprendo que la relación con el nazismo te sea indigesta.
Afortunadamente el esfuerzo de varios pensadores, que lucharon contra viento y marea para establecer tanto al comunismo como al nazismo como variantes de un mismo fenómeno totalitario finalmente han sido reconocidos.
Una de las primeras fue Hannah Arendt, en su monumental estudio sobre “Los orígenes del totalitarismo”. El último el mencionado Todorov en su obra “Memorial del mal. Tentación del bien” Entre ambos, filósofos como Popper o Berlin y, sobre todo, desencantados con el comunismo cuando se les “cayó la venda”, como Orwell o Furet, cuyo “El pasado de una ilusión” recomiendo vivamente. En Argentina es especialmente revelador y relevante Juan Antonio Sebreli.
Para darse cuenta de la igualdad estructural del comunismo y el nazismo es fundamental remontarse a dos obras clave de uno y otro: Mi lucha de Hitler, y El Estado y la Revolución, de Lenin. Dos libros que chorrean sangre. Hitler pretendía exterminar al enémigo de raza y Lenin al enemigo de clase.
En mis clases les he pasado a mis alumnos unas páginas de la novela de Littell, “Las benévolas”, en las que hay un extraordinario diálogo entre un oficial nazi y uno soviético, en el que ambos llegan a la conclusión de que tras las apariencias el comunismo y el nazismo son dos variantes de la reacción antiliberal y antidemocrática.
O, dicho de otro modo, que cuando uno cree estar saboreando un dulce de leche en realidad, tras la máscara de la alienación utópica, no hay más que excremento de vaca (bullshit)
Saludos y gracias por los comentarios