La carretera, de Cormac McCarthy

En cuanto a la novela que vamos a trabajar en este primer cuatrimestre en 1º de bachillerato, escribí cuando la leí:
La carretera, de Cormac McCarthy, es un título vulgar para un libro extraordinario. En cuanto a su belleza, a su moral, a su belleza moral. Pocas veces se habrá dado que la ética y la estética alcancen una conjunción formal y de contenidos tan vasta y profunda como en esta novela.

Un padre y un hijo, a través de un valle de tinieblas, de un coto de lobos humanos, se sostienen mutuamente gracias a la fe, la esperanza y la caridad. Al amor.

Un padre y un hijo, a través de un paisaje infernal, de una tierra baldía por la explosión de cientos de bombas de vacío (aunque nunca se explicita la fuente de la devastación), sólo comparable a las descripciones de Dante, luchan por sobrevivir manteniendo en lo más negro de la desolación y la insania una lucecita de dignidad.

Empezaron a encontrar junto a la carretera algún que otro pequeño mojón de piedras. Eran señales de idioma gitano, pateranes perdidos. El primero que veía en bastante tiempo, comunes en el norte a medida que salías de las ciudades saqueadas y exhaustas, mensajes sin esperanza para seres queridos desaparecidos o muertos. Todas las provisiones de comida se habían agotado ya y el asesinato reinaba en la región. El mundo al poco tiempo poblado mayormente por hombres que se comían a tus hijos ante tus propios ojos y las ciudades en poder de bandas de atezados saqueadores que abrían túneles en las ruinas y salían reptando de los escombros blancos de dientes y ojos con bolsas de malla repletas de latas chamuscadas y anónimas como compradores salidos de los economatos del infierno. El blando talco negro barría las calles cual tinta de calamar desparramándose por un lecho marino y el frío se pegaba al suelo y oscurecía temprano y los carreñeros al pasar con sus antorchas por los escarpados desfiladeros dejaban en la ceniza hoyos como de seda que se cerraban silenciosamente a su paso como ojos. En las carreteras los peregrino se derrumbaban y caían y morían y la tierra yerma y amortajada iba rodando hasta el otro lado del sol y regresaba sin dejar huella y tan inadvertida como la trayectoria de cualquier mundo hermano sin nombre en las inmemoriales tinieblas de más allá.

William Blake escribió:

El Bien es el elemento pasivo y sumiso de la razón, el Mal es el activo que brota de la energía. Pero la energía, es decir el mal, es el goce, y por lo tanto el deseo no debe ser frenado, bajo pena de volverse pasivo e improductivo.

McCarthy destroza en 210 páginas el romanticismo irracionalista, decadente, frívolo de Blake, que creía que el artista está instintivamente de parte de Satán. Pues no. McCarthy se pone de parte de Dios, o de la Razón, o de las Luces, como prefieran, frente al Oscurantismo, la Irracionalidad, el Relativismo. El libro está dedicado a su hijo, una ética a Nicómaco que prefiere mostrar en lugar de demostrar, una educación en valores sobre los fundamentos más básicos de la moral. Esta es una novela de buenos y malos, en la que rezamos en cada página para que finalmente los lirios de la virtud triunfen sobre las rosas del vicio.

Una vez hubo truchas en los arroyos de la montaña. Podías verlas en la corriente ambarina allí donde los bordes blancos de sus aletas se agitaban suavemente en el agua. Olían a musgo en las manos. Se retorcían, bruñidas y musculosas. En sus lomos había dibujos vermiformes que eran mapas del mundo en su devenir. Mapas y laberintos. De una cosa que no tenía vuelta atrás. Ni posibilidad de arreglo. En las profundas cañadas donde vivían todo era más viejo que el hombre y murmuraba misterio.

Cormac McCarthy no ha tenido en nuestro país el eco de otros grandes escritores norteamericanos como Pynchon o Roth. Consulto la Encarta y no le dedica ni una referencia. Sin embargo, Harold Bloom, Juan Pedro Quiñonero o The New York Times lo sitúan en lo más alto de la literatura americana. Ganador del Pulitzer y desde ya número uno para el Nobel, McCarthy ha contado con el hándicap de escribir dentro de las convenciones del género. Así el western en esa obra maestra absoluta que es Meridiano de sangre, en el thriller con No es este país para viejos o en la ciencia ficción de La carretera. Además, frente a la vanguardia estéril su preocupación mayor ha sido nada más y nada menos que contar buenas historias de la mejor manera posible, sin preocuparse de dar trabajo a los académicos del futuro sino más bien llegar al sector de lectores más amplio posible.

Todavía tendremos que esperar al próximo año, me temo, para saciar nuestro hambre de cine maccarthysta gracias a la adaptación, al parecer magistral, que han realizado los hermanos Cohen de No es país para viejos, cuyo guión podéis consultar aquí, y en el que Bardem hace un gran trabajo con uno de los personajes poderosamente nihilistas, su reverso tenebroso, que elabora McCarthy, el asesino en sueldo, en serio y en serie, Chigurh. Aquí podéis leer el primer capítulo.

La carretera tiene también esa potencia cinematográfica de toda la obra de McCarthy. Me recordaba mientras la leía a La vergüenza de Bergman o a Sacrificio de Tarkovski, otras obras inmensas, aunque discutibles, del arte apocalíptico. Pues bien, ya se ha puesto en marcha el proyecto con Viggo Mortensen en el papel del padre, lo que siempre es una garantía de contundencia interpretativa. También para la más reciente película de David Cronenberg, Promesas del Este.

PD. Puedes leer las diversas críticas norteamericanas a The road, según la recopilación de valoraciones realizadas por metacritic.com una de las mejores novelas de los últimos años.

~ por santiagonavajas en 19 Noviembre 2007.

10 comentarios to “La carretera, de Cormac McCarthy”

  1. ¡Habéis tenido suerte con este profesor! Sin duda, de lo mejorcito. Enhorabuena por el nuevo blog creado. Un Saludo

  2. Santiago, ¿es digna de ver la nueva de Residen Evil?

  3. Resident*

  4. Muy divertida, la mejor de la serie, y con unas cuantas ocurrencias cinematográficas, como los cuervos zombis. Un saludo

  5. [...] Kipling, Si (If), es uno de los más famosos y combina la excelencia poética con la virtud ética. Como en el caso de La carretera, es una declaración de intenciones a su hijo. Hay quien deja en herencia dinero y quien deja [...]

  6. Ya te he mandado el trabajo Santiago.

    Por cierto, cuando hice las fotos estaba Jose Luis y nos la jugamos XD, para que lo tenga en cuenta.

  7. [...] literarios sobre los mejores libros publicados en 2007.  A los alumnos de 1º de bachillerato uno de ellos les suena, seguro.  Casualmente ayer compré el primero de la [...]

  8. Lo de los cuervos zombis es copiado del juego

  9. [...] anuncio de Repsol Como en el caso de La carretera, protagonizado por Dani Pedrosa reproduce algunos de sus versos más famosos. En este caso podemos [...]

  10. Vean el enlace sobre La Carretera.

Escribe un comentario